Desde su planta de producción de alimentos elaborados con quinua, en Cochabamba, Diego Peláez Wille, Presidente de CABOLQUI quiere apuntar alto en el mercado internacional del grano de oro.

– ¿Cómo se pinta el panorama de la exportación de quinua a nivel internacional?

Desde el 2016 se profundizan los desafíos para el sector. Hasta hace tres años, éramos los mayores productores de quinua en el mundo. Hoy en día eso a deja de ser cierto, Perú es el mayor productor y exportador del mundo.

– ¿Qué otros productores participan del mercado?

Hay muchos otros países en el mundo, incluyendo economías tan importantes como las de Canadá, India o China, que están incursionando en temas de la producción de quinua y arrancan cultivos a distintas escalas y niveles.

– ¿Esto les preocupa?

Todo apunta a que la competencia va a seguir aumentando. Los cultivos de quinua ya no son un tema exclusivamente de la región andina, de Sudamérica y mucho menos, es un tema boliviano, que tenga una participación única como en pasados años. Hay una enorme competencia de precios.

– ¿Qué pasó con los precios altos del producto en anteriores años?

La quinua llegó en un momento a un valor en el mercado de $us 8.000 la tonelada. Ahora se encuentra en alrededor de $us 2.200 o 2.400 la tonelada.

– ¿Cómo se comportó la exportación del grano en los últimos años?

En 2006 se exportaron 7.955 toneladas y se captó $us 10 millones, a un precio promedio de $us 1.201 la tonelada. En 2014 se llegó a exportar 29.785 tn y se ganó $us 197 millones. En ese tiempo, la tonelada se comercializó a $us 6.602. Pero a diciembre de 2016, se exportaron 29.702 tn, por un valor de $us 81 millones por un precio de $us 2.742 la tonelada.

– ¿Y qué hace el productor frente a esta realidad?

La presión sobre los productores es cada vez más grande para mejorar las metodologías del cultivos para ser competitivos. Cuando hablo de quinua, hablo de “quinua orgánica“, porque Bolivia es fundamentalmente un productor de quinua orgánica. Esa es una de las claves.

– ¿y qué pasa con la producción nacional?

La dinámica internacional no ha parado de crecer. Nada indica que la dinámica internacional fuese a disminuir. Por tanto, el potencial exportador de los países para el mercado externo es todavía creciente. Creo que el sector privado hace un esfuerzo enorme para lograr una participación en ese mercado potencial. Tenemos competencia cada vez de más países en la región y el mundo que tienen costos más bajos que los nuestros. Entonces, no tenemos un problema de mercado sino de competencia. El problema de competencia no se soluciona con mejores ni mayores esfuerzos de difusión, sino mediante procesos productivos más eficientes y elementos de diferenciación.

– Pero hay avances científicos sobre la quinua ¿cómo encaran el tema?

Vamos cada vez más hacia una “comoditización” del grano. Este grano está dejando de ser un cultivo diferenciado de la región para convertirse en un commodity (mercancía) con todo lo que eso implica. El desarrollo científico va atrás de ello. Hace un par de meses tuvimos la noticia de que el genoma e la quinua a sido decodificado. Eso implica que en un par de años, empezarán a surgir cultivos de quinua genéticamente modificados que puedan adaptarse a la perfección a cualquier tipo de entorno climático. Podemos esperar que la competencia será aún mucho más feroz y la presión sobre a producción de la quinua boliviana orgánica será mucha más grande. Frente a ello, hay solo dos posibles respuestas, como participantes globales del mercado de la quinua: Bolivia necesita generar metodologías de cultivo más eficientes. Pero eso es parte de la historia, ya que la otra tarea pendiente es establecer una clara diferenciación con el resto de los granos.

– ¿Y cómo se va a hacer eso?

No podemos parar el desarrollo. No podemos parar la “comoditización” del grano. Pero lo que podemos hacer es diferenciar el grano boliviano, asociarlo con atributos específicos que lo hagan distinto a los demás. En eso estamos en la Cámara.

– ¿Qué se necesita?

Hemos terminado de planificar y estamos en pleno proceso de implementación de lo que es una “denominación de origen” para nuestra quinua. Esto es básicamente asociar la producción de quinua real boliviana, a una región geográfica, que en este caso es el altiplano sur. A esa denominación de origen, hay que asociarle todos los especiales atributos de nuestro grano, que es de múltiples perspectivas nutricionales, es superior, entre otras cosas. La única alternativa posible para nuestra subsistencia futura es lograr técnicas de cultivo más competitivas y elementos diferenciadores.

– ¿Se precisa de algún incentivo estatal?

La vinculación del sector público con el privado en este tipo de estrategias es fundamental e inevitable si se quiere llegar al éxito. La promoción y el éxito en el futuro no está asociada a esfuerzos puramente públicos o privados. Cualquier esfuerzo individual estaría destinado al fracaso. Pero es importante aclarar que la respuesta a esos esfuerzos no esté asociada a mecanismos de subsidios. Lo que se necesita son estrategias articuladas entre ambos sectores. Es por eso que la denominación de origen para la quinua real boliviana es tan importante porque es un esfuerzo público-privado.

Diego Peláez Wille – Presidente de CABOLQUI

Ingeniero Comercial de profesión, con especialización en finanzas. Diego Peláez es un especialista en comercio exterior y negocios inclusivos, habiendo dedicado toda su carrera al sector de la manufactura de productos con valor agregado con cereales andinos. Actualmente, Peláez es accionista y gerente administrativo financiero en Coronilla S.A., la mayor exportadora de productos derivados de cereales andinos de Sudamérica, con presencia en 14 países de América, Europa, Asia y Oceanía. Es el titular de la Cámara Boliviana de la Quinua CABOLQUI.